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jueves, 14 de septiembre de 2017

Capítulo 3 VI

Por una parte, el plan involucraba mucho caminar, revisó el kit que llevaba conmigo todos los días. En mi mochila, que llevaba todos los días al trabajo, al supermercado o donde fuera, llevaba cosas, como una botella de agua, una bolsa reutilizable, mi "`kit de supervivencia"', agua (muy importante en Madrid) y algunas cosas más que puedes ver en la imagen

-- Necesitas una caja con tizas de colores y un par de cosas más. Las tizas ayudarán a marcar los buzones y a comunicarnos. Mañana empezaremos con seguimientos, protocolos de comunicación en diferentes formatos y a trabajar en excusas--.
 
--¿Excusas para qué?-- dije.


--Para todo.¿Para qué son esas tizas?, ¿porqué caminas por aquí?--
Se encogió de hombros -- debes aprender a tener una historia para todo, desde tus movimientos a porqué no enciendes la luz de la habitación por la mañana hasta que vuelves del baño-- eso era cierto y me sorprendió --debes crear una historia y creértela--.

 Estación de Metro de Eugenia de Montijo 25 de abril 2009 12:15h


--En gran medida el Metro es un sitio fantástico para perder a la gente, pero también es un sitio fantástico para que alguien se te suba a la chepa-} El marcador digital decía que el siguiente tren vendría en 3 minutos\emph{-La primera norma de seguimiento es que si te quieren seguir, te van a seguir y si alguien no quiere que no le sigas, no le vas a seguir. El asunto en todo esto es la sutileza. Si alguien que te sigue ve que hace alguna de las maniobras que vamos a hacer hoy, se dará cuenta inmediatamente de que quieres perderle, pero estás dándole mucha información: 1- Que sabes sobre contravigilancia, lo cual ya es sospechoso, 2- Que te has dado cuenta de que te siguen, con lo cual serás cauteloso con a dónde vas... es decir, que no tendrás oportunidad de llevarles a algún sitio y ponerle pistas falsas y 3- y obvio, que estás haciendo algo bastante sospechoso--

Nos montamos en el tren e inmediatamente comenzó a caminar hacia la parte trasera del tren.
 
--Vale, moverse en el tren. Si quien te sigue no se sube contigo, dará información de en qué vagón estás. Si se sube  y te mueves donde no te vea, le obligas a que tome una acción--Se detuvo cerca de uno de los extremos del tren --Hoy nos vamos a practicar algunas maniobras obvias, para casos de emergencia, pero en este negocio es mejor prevenir que curar. Te enseñaré una serie de rutinas, tanto en los viajes de Metro, como conduciendo que te harán más fácil reconocer si alguien te sigue. Además es inteligente no llamar la atención--

Jesús enseñaba de una forma diferente, que exigía mucha concentración. Hablaba y demostraba, no siempre de forma secuencial. Podría estar explicando cómo llegar a un sitio y vigilar la zona de encuentro sin mostrarse, mientras escogíamos un sitio  y buscábamos múltiples salidas. Primero explicaba y luego demostraba, pero sin pausa. De tal manera que siempre sabía qué iba a hacer, pero sin olvidar lo que estaba haciendo. Eso, me dijo, es básico en contravigilancia, me dijo --Si vas caminando y tu contacto coge un coche, estás jodido. Por eso tienes que saber cuáles son las posibilidades. Si coge un coche, dónde va?, ¿puedes conseguir un vehículo fácilmente?, ¿puedes plantar un gps? todo eso, sin perder de vista lo que realmente está haciendo--


Poco a poco, parecía que íbamos camino del superespía. El resto del día siguió la misma rutina, encontrarse con gente, buzones muertos, seguimientos, ...

jueves, 7 de septiembre de 2017

Capítulo 3 V

El hombre tomó la iniciativa y se movió, alejándose de mí, caminando hacia atrás, como invitándome a entrar.
-Me esperabas- No era una pregunta. Tenía un poco de acento. -Me puedes llamar Jesús-
Tragué saliva y cerré la puerta tras de mí.-Supongo que sabes quién soy- Jesús asintió -¿Algo de cenar?- Ahora Jesús asintió otra vez y sonrió.
-supongo que las noticias vendrán mejor si no tengo hambre- dije.

En cualquier caso, ahora presté más atención a mi interlocutor, es decir, me fijé en los detalles. Mi interlocutor ya tenía toda mi atención antes, pero estaba centrada en el hecho de encontrarme a un desconocido en el recibidor de mi apartamento. "`Jesús"' era un poco más alto que yo, bastante pálido, pero no cerúleo ni rosa, con un rostro generalmente cuadrado, nariz prominente flanqueada por ojos profundos, permanentemente entrecerrados y protegidos por cejas prominentes y tupidas, rubias color trigo. Labios finos y boca pequeña en una cara bien afeitada y pómulos poco marcados, todo coronado por cabello muy corto de color trigo, como las cejas y orejas poco sobresalientes. Aunque no parecía excesivamente musculoso, el cuello sobre el suéter holgado daba a entender que sí lo era. unos vaqueros claros y unas timberland completaban la imagen.

Dejé las llaves sobre la madera del recibidor. Había un platito para las llaves, que estaba lleno de monedas oxidadas de céntimos, gomas semidesintegradas y varias otras cosas totalmente inútiles que habíamos acumulado con el tiempo. Para evitar que las llaves se quedasen enganchadas con toda aquella chatarra, las dejábamos sobre la madera, menos cuando venía la casera.


Me quité la chaqueta y dejé todos mis aperos en el salón, porque Diego no estaba y esta semana era MI salón, la parte de cenar en calzoncillos se había arruinado completamente, pero teníamos que ahorrar en calefacción. Hice unos gestos invitando a Jesús a ponerse cómodo y le pregunté si le apetecía cenar conmigo.
 
--¿Por qué no?--  No parecía muy hablador el muchacho.

Después de la oferta pensé que quizás me había emocionado un poco, porque el estado de mis provisiones no era el mejor. Atracar a Diego siempre era una opción, pero aparte de unas galletas y yogur, no esperaba encontrar demasiado. como ante una situación nueva e inesperada, no hay nada mejor que ocupar la mente con un problema nimio sin ninguna relación, me sumergí en los detalles de crear una ensalada aceptable con unas pechugas. Jesús parecía comprender y esperó pacientemente a que me organizase.

Mientras cortaba tomates Jesús empezó a hablarme despacito y sin estrés. Tenía acento inglés, seguro, pero el español que hablaba era principalmente sudamericano, mejicano quizás, posiblemente no. Sonaba como Colombia quizás. Me resultaba divertido el uso de "`Plata"' por dinero en un anglosajón, aunque no puedo decir exactamente por qué. Jesús iba a ser, según sus palabras, mi educador, entrenador y apoyo para comenzar a lanzar mi parte del proyecto. No habló de fechas límite y yo tampoco pregunté.

Jesús se apoyo en la jamba de la puerta de la cocina mientras yo trajinaba con las pechugas. Empezó a esbozar el plan.

En primer lugar tendríamos que entrenar lo que el llamó operatividad. No estábamos haciendo nada ilegal, pero no íbamos a publicitarlo tampoco, así que el objetivo era no llamar la atención y evitar ser interesante. En caso de que alguien se interesase, mantenerlo en la oscuridad.

Después tendríamos que practicar un poco de vigilancia y contravigilancia, entre otras cosas porque teníamos que empezar a reclutar gente. Obviamente no íbamos a poner un anuncio en forocoches. La primera línea serían mis contactos o, para precisar, escoger entre mis amigos más cercanos y ampliar a mis contactos. No se trataba solamente de escoger amigos, sino de gente que pudiese aportar algo al proyecto.

Una vez que la parte de reclutar estuviese cociendo a fuego lento, tendríamos que trabajar en otras partes del proyecto, es decir, prepararse para el apocalipsis.

Escuchando las palabras de Jesús me imaginaba el futuro cercano como una mezcla de películas antiguas, desde mad max, el hombre del zapato rojo, funeral en Berlín y charada con toques de "`un trabajo en italia"' Aunque definitivamente en ningún caso yo era Michael Caine ni Jesús era Audrey Hepburn.

Cuando terminé con las pechugas, Jesús me echó una mano a llevar la fuente de la ensalada y las pechugas al salón. Nuestra cocina era demasiado pequena para comer, aunque cuando estaba solo y no cocinaba a veces comía allí. Una vez sentados Jesús continuó exponiendo su plan.

A grandes rasgos debía aprender  nuevas habilidades y debía ser más consciente del ambiente que me rodeaba e interpretarlo correctamente. Potenciales peligros, potenciales soluciones, entender qué está ocurriendo, informarse. Cosas relativamente sencillas. Uno llega a una nueva ciudad y el tren está lleno. Es hora punta? Hay partido de fútbol? Por una parte uno puede hacer algo de investigación y por otra puede escuchar y fijarse en lo que hacen los pasajeros. caracterizarlos.

jueves, 31 de agosto de 2017

Capítulo 3 IV


Volví sobre la ruta del autobús hasta el cruce y crucé por encima de las vías del tren. La moderna zona de oficinas desapareció para dejar paso a lo que imaginaba era Bruselas  típico. A través de varias callejas llegué al parque y miré la hora 08:45. El encuentro sería entre 0900 y 0915 en el parque y si no, en una tienda de souvenirs en la estación a las 1000-1015. El parque Albert era pequeño porque la mayor parte lo ocupaba una pista de atletismo. Empecé a dar vueltas a la manzana. Una vuelta me llevaría unos 15 minutos, aunque con el frío que hacía me encontré haciendo la primera en poco menos de 10.

Después de la cuarta vuelta empecé a sentir algo de inquietud y mucho frío. Miré el reloj y vi que todavía faltaban unos minutos. Saqué mi mapa, doblado de tal manera que apenas era un A5. Continué caminando despacio haciendo cálculos mentales. Esto es algo para lo que no soy demasiado bueno, así que prácticamente tropecé con un hombre y murmuré unas disculpas. Me llevaría una media hora llegar a la estación a buen paso, pero no me apetecía coger otro autobús. Ya había decidido de antemano cómo ir, y en autobús llevaría el mismo tiempo y no me apetecía tener desagradables sorpresas, como: "`por obras el autobús se desvía a la porculosfera"' o similares. Me puse a caminar con un poco de energía y, dado que tenía tiempo y suficiente frío, compre un café para llevar en un supermercado a mitad de camino.

Cuando entré en la estación aún quedaban 10 minutos, así que una vez localizada la tienda, me fui a mirar los horarios de los trenes. Si tenía que matar 15 minutos en aquel minúsculo espacio, mejor no forzar la situación o acabaría comprando la mitad de la tienda. Mientras miraba los trenes, empecé a pensar en esa almohada de viaje. Mucha gente la tenía y parecían  tan apegados a ellos como si fuera un juguete sexual. Mi problema era principalmente que no suelo dormir en los viajes, pero si esa gente era tan feliz, tal vez debería. Sacudí la cabeza. ni si quiera estaba dentro de la tienda y ya estaba pensando en comprar cosas.

Me dí la vuelta lentamente, mientras sacaba el gorro y guantes que había forzado en un bolsillo. En uno de los bancos, organicé mi equipaje y me dirigí hacia la tienda. Antes de entrar, la familiar figura de Boone me indicó  con la mirada una salida hacia mi derecha, así que allí me dirigí. El café estaba empezando a hacer efecto y empezaba a tener una incómoda sensación en la vejiga.

-Vamos a tomar un café- dijo Boone.
-Que sea cerca- respondí.

Boone se giró un poco y me miró con preocupación
-Tengo que mear- expliqué.

Boone asintió rápidamente, y entonces supe que iba a ser largo.

Sin embargo estaba equivocado, a unos 600 metros de la estación, Boone me indicó un restaurante de amplios ventanales en una esquina. Nos sentamos y pedimos café y unos bollos. A mi vuelta del baño, Boone me miró, levantó las cejas y dijo:

-¿Y bien, qué va a ser?-

Asentí con la cabeza. -Va a ser que si--. Su expresión no cambió -Pero supongo que tenemos que hablar de muchas cosas, tengo muchas  preguntas-
\emph{-Por supuesto, y por eso vamos a empezar a trabajar en esto ahora mismo-}

Boone explicó que, lo primero, recibiría una visita, la semana que viene, en Madrid. Este instructor me entrenaría en los protocolos de comunicación, contravigilancia y contra inteligencia durante tres semanas. Después de eso estaría listo para empezar el contacto. Debería tejer mi propia red de buzones muertos, protocolos y zonas de emergencia.

El siguiente paso, era el más radical. La financiación y toda la pantalla de abogados, empresas y bancos estaba basada en EE. UU. La idea de Boone y su gente era crear una red en casa, pero dos redes suponían una doble garantía, pues podrían ayudarse entre sí y suponía mucha más gente de una forma adecuada. Manteniendolas separadas lo máximo posible se incrementaban enormemente las oportunidades de éxito. El primer problema era la financiación.

Boone me explicó que el hermano de uno de sus compañeros trabajaba en las altas finanzas y, conocía el mundo. En unos pocos meses, un banquero experimentado en negocios no 100\%  transparentes y un par de informáticos consiguieron levantar un pequeño imperio que básicamente habia comenzado con dudosos orígenes en mercados de mala reputación, pero al cabo de un tiempo, la mayor parte del capital era honesto y la mayor parte de las empresas también. Con manos expertas, consiguieron lo que la mafia en EE. UU. necesitó dos generaciones. Mover el dinero y realmente hacer negocios honestos, manteniendo una zona ligeramente borrosa que, incluso después de un segundo vistazo no era definitivamente negra.
-El tema con las grandes finanzas es que todos esos números no se corresponden a nada físico. Los programas que controlan esas operaciones tienen una serie de reglas programadas, por supuesto, pero no es como si fuesen reales- Boone me miró y por su tono de voz pensé que estaba intentando justificarse.
--Lo mismo puede decirse de muchas de nuestras leyes-- respondí.

Boone asintó sin apartar la mirada de mi --Exactamente. De todas formas es un mundo que no se rige por la meritocracia. Verás, da igual lo bueno que tú seas. Hasta cierto punto, no se trata de lo bueno que tú seas sino de lo bien que funcionas en el grupo al que vas a entrar. Es la clave de los círculos.La gente que busca compañeros busca gente que sean como ellos, como los grupos de amigos en el insituto... hasta cierto punto esas reglas son las mismas y permanecen en nuestra sociedad. El acceso a esos círculos nos permitió tener acceso a la fuente de muchos negocios en un tiempo récord--
-Lo que haremos es lo siguiente: tenemos ya un equipo en el Reino Unido, desde hace unos meses, que está trabajando en el aspecto económico, empresas, pantallas y demás. Son solo 5 en el equipo. Los demás no están dentro del plan.- Me daba la impresión de que Boone estaba ahora recitando 
-Y ellos serán tu  guía en aspectos económicos, en aspecto de suministro, si hay que contactar con empresas, poner cosas en marcha. Tu trabajo será principalmente conseguir contactos, y mantener la cadena de entrenamiento y de seguridad a nivel operacional. EN cuanto los primeros equipos estén formados todo será mucho más rápido. Por otra parte, hay mucho más trabajo que hacer en el aspecto técnico. Desde las edificaciones y organización urbana en destino, modificaciones de vehículos, reducir plantas para transporte, generación de energía, ... -
-¿No habéis avanzado nada en ese aspecto?- estaba genuinamente sorprendido, al fin y al cabo estábamos hablando de los medios para llevar a cabo el plan.
-Si, hay muchas cosas avanzadas, pero necesitamos especificaciones, trabajo de detalle, recuerda que eso es solo parte del plan. Las cosas van poco a poco-- Supongo que en estos momentos no podía ocultar mi escepticismo --La segunda parte de tu trabajo será en una empresa fantasma que vamos a crear. Tendremos varios departamentos para hacer especificaciones y definir el diseño de detalle. Queremos que participes ahí también. No toda la gente de la empresa estará en el plan, pero es un buen sitio para observar gente.--

Boone fue un poco más en detalle contándome el plan mientras paseábamos por el centro de la ciudad, al llegar al final de la avenida des Gaulois, Boone se giró y me dijo:
--Hasta aquí mi trabajo. Si todo va bien, nos veremos en unos meses en EE. UU. Yo cogeré un tren aquí y tu debes volar desde Charleroi.--

Antes de despedirse, Boone metió la mano en su bandolera y me tendió un pequeno ordenador,
--Esta será tu herramienta de comunicación.-- me dijo. Y sin más, se giró y se encaminó decididamente calle abajo.

Como es natural, pasé gran parte del tiempo en trenes y aviones pensando en qué me estaba metiendo. Aparentemente, lo primero sería convertirme en el super espía.

Afortunadamente la semana siguiente no estaría mi compañero de piso, con lo cual tendría algo más de libertad. 

Con todo esto de ser un superespía, por supuesto empecé a ser consciente de mi seguridad. Es decir, especialmente sensible a ser observado y a los controles de seguridad. Sin embargo nadie me dio un segundo vistazo en ninguno de los controles. Un pasajero más. Otro personaje anónimo más.

El lunes en el trabajo fue muy similar a una resaca. Todo sucedía como un poco lejos y, para la hora de comer, pensé que estaba enfermo. En la cola del microondas uno de mis compañeros empezó a hablar sobre una noticia que había leído, donde una serie de enfermedades se habían transmitido por el uso indebido de unas herramientas en una máquina expendedora. Los expertos en sanidad e inmunología nos explicaron a todos con el más exquisito detalle, por qué nuestra sociedad enferma nos iba a matar a todos con máquinas de monedas.

Por la tarde seguí con mi actual tarea. El sistema de refrigeración en el que estábamos trabajando no iba a ir a ningún sitio con el concepto actual. Las pruebas en Viena eran la prueba y estaba preparando una presentación para el jefe. Necesitaba también una alternativa, lo mejor dos, una muy cara y la realista.

Me fui para casa en metro con mi libro, pero no conseguía concentrarme, así que lo cerré y miré a mi alrededor mientras el tren me mecía. Hay una atmósfera especial a algunas horas del metro. La gente que sale temprano siempre tiene prisa, pero a partir de las 6 la gente en el metro sabe que no va a poder arañar nada de tiempo al futuro y que no hay más que dejarse llevar. Así lo hice hasta que pasé los tornos de salida. Es como si te dieran de vuelta alguna parte fundamental y puedas decidir dónde ir sin depender del sistema. Subí las escaleras y paré en una tienda en una bocacalle a comprar unos tomates, algo de ensalada, galletas y leche. Contaba de una cena ligera, pero galletas y leche nunca vienen mal.

Subir los cuatro pisos de viejas escaleras gastadas no era el mejor momento del día, pero siempre subía corriendo pues no quería volver a encender la luz. Tenía ese miedo irracional desde pequeño, por el cual si pulsaba la luz en alguno de los pisos tocaría al timbre por error. Por supuesto mi edificio tenía las llaves de la luz y los timbres en un solo panel, al lado de las puertas. Por supuesto.

Cuando llegué jadeando al cuarto, metí la llave y me sobresalté al ver que no había cerrado con dos vueltas. Abrí la puerta pensando que quizás Diego había vuelto antes de lo esperado y lo que no me esperaba era encontrar un hombre alto, de unos treintaytantos mirándome, apoyado contra el recibidor de la madera carísima de la casera (que nos había dicho un millón de veces que teníamos que utilizar un aceite especial y mover el paño así y luego, con un papel hacer esto otro y...)

jueves, 17 de agosto de 2017

Capítulo 3 III

El punto de encuentro,acorde a la información,  sería un bar en Bélgica, en Bruselas. La llegada sería a través del aeropuerto de Bruselas y nos encontraríamos paseando en un parque junto a la estación central.


La T4 de Madrid

Mientras esperaba en la T4 del aeropuerto de Madrid, me dí cuneta de que mi forma de pensar había cambiado un poco. Inicialmente pensaba más bien de qué va todo esto y ahora estaba pensando  a cómo hacer todo esto. Parecía que la decisión estaba tomada. Sin grandes preguntas filosóficas, aparentemente. Viéndolo en perspectiva, la situación era sencilla. El futuro se pone jodido por el camino previsto y te están ofreciendo un desvío alternativo ahora. Por otra parte, la inercia se resistía a hacer cambios tan radicales... Al menos se suponía que habría cambios radicales en mi vida, a juzgar por lo que preparaba mi amiguete.

En el vuelo repasé todos los puntos interesantes. Boone me había prevenido de llevar ninguna nota manuscrita y sólo llevaba conmigo el pequeño ordenador. Entre las instrucciones que tenía, debía encenderlo el día antes de salir. Mi contraseña seguía siendo válida, pero ahora el ordenador apenas contenía algunos artículos sobre rotura de aleaciones de aluminio. Por lo tanto, debía confiar en mi memoria, por lo que repasaba los puntos más importantes. Como el vuelo no era muy largo, aún podía caminar cuando me bajé del avión. Era ya de noche y hacía frío en Bruselas. Lo mejor era que mi hotel estaba justo en frente del aeropuerto, simplemente cruzar la calle.

Bélgica siempre me resultaba extraño. En sus infraestructuras de viajes un podía grabar una película de terror sin ningún extra y sin nada de efectos especiales, la sensación estaba allí, pero todo funcionaba y todo era moderno y nada parecía especialmente diseñado para dar miedo. Mientras me dirigía por un túnel, con dos pasillos rodantes hacía la salida, decidí vigilar a mi alrededor. El techo era relativamente alto, pero la única luz provenía de unos tubos colocados casi al nivel del suelo, a ambos lados del pasillo rodante. Estas luces, algunas azuladas y algunas tilitantes, proyectaban extrañas sombras sobre los viajeros, que se movían, como insectos gigantes, a contra luz. Imposible reconocer las caras, los abrigos y bolsas enviaban sombras extrañas, haciendo que reprimiese mi impulso de patear a una niña que caminaba de la mano junto a su madre. La ropa invernal y el caminar incómodo de ambas, hacía que pareciese, a contra luz, una extraña avanzadilla de zombies. El pasillo tenía varios giros, por lo que no era posible ver el la salida, sino caminar, totalmente cegado, de un pasillo rodante al siguiente. Las zonas sin pasillo estaban a oscuras, pero al mirar hacia abajo al final del pasillo... bang. Los tubos de luz en el pasillo se confabulaban en el punto de fuga para quemarte la retina.

El pasillo rodante terminaba muy cerca de la puerta, con lo que la madre prácticamente cargo contra la puerta, embistiéndola. Justo a tiempo pudo poner una mano para la niña y otra para la puerta, pero no tenía una buena posición para abrir la pesada puerta. Sin estar muy convencido de que no me iban a morder, abrí la puerta y, desde mi cintura, la madre sonrió y dijo algo, probablemente en francés y probablemente sin darse cuenta de que yo estaba allí... sus pupilas muy contraídas. Probablemente todos esos pasillos iluminados caminando agachada de la mano de la niña no le habían mejorado su visión nocturna.

El espacio entre el hotel y el aeropuerto es la típica bahía de taxis, con el suelo pintado de paso de cebra durante 100 metros de largo y que todo el mundo ignora. sin embargo allí no había ningún taxi, ni nadie que pareciese un pasajero. Simplemente había dos coches, un camión de bomberos y, añadida a la luz amarilla de las farolas, las luces estroboscópicas azules del camión de bomberos. Uno de los bomberos le gritaba a la conductora de uno de los coches, mientras otro hablaba con una señorita rubia que tenía una maleta,ajeno a todo lo demás. Por la posición del primer bombero y el coche, parece que tenían un desacuerdo sobre quién tenía preferencia. Obviamente el bombero estaba haciendo algo con el primer coche y se trataba de una emergencia (como atestiguaba el segundo bombero) y la conductora señalaba enfáticamente hacia adelante mientras gritaba en francés. Tres pequeños rubios aterrorizados miraban desde el asiento de atrás.
Cuidadosamente rodee cualquier cosa que estuviese sucediendo allí y llamé al ascensor. Cuando este llegó cuatro bomberos salieron de él y caminaron charlando hacia el camión, ajenos por completo a sus dos compañeros, el coche, la chica y a mí. una vez en el ascensor comprobé cuál era el piso del hotel, mientras empezaba a subir. Ninguno, bien, ascensor equivocado. El ascensor se paró en el primer piso y subió un bombero, con el casco puesto. Llegamos al segundo y, en ese momento pulsé el botón de bajar. Ajeno a mí el bombero lo pulsó también. Llegamos abajo y los dos salimos. Él para reunirse con sus compañeros alrededor del camión y yo para leer el cartel convenientemente escondido que apuntaba hacia el hotel.

El sheraton está al lado de un aparcamiento, junto al aeropuerto, pero es el Sheraton. El hotel tenía un amplio patio interior, cuyo suelo de cristal servía de techo al salón de desayuno. Como todo en el interior del patio estaba sucio y lleno de tuberías y equipos auxiliares, las luces del salón hacían los cristales opacos. Práctico. El mostrador era ridículamente pequeño comparado con la enorme recepción y la chica era nueva. Se la veía incómoda en el traje y estaba claro que tenía un meticuloso guión que seguir. Cada pocos minutos, su tono de voz cambiaba y miraba al vacío, recordando los pasos. Era una chica muy bonita, con una buena figura que el traje mostraba porque era posiblemente dos tallas más pequeño. Mis intentos de mostrarme agradable conseguían sacarla de su guión, sonriendo con más intensidad, pero un vistazo a la pantalla servía para que su sonrisa se volviese profesional y seguir su guión. No le sirvió de mucho, pues el ordenador falló, después de varios intentos confesó que no sabía seguir y debía esperar a que una compañera le ayudase, a lo que siguieron disculpas por tenerme allí de pié. Le aseguré que no tenía nada mejor que hacer y que estaba allí encantado y que, lamentablemente, yo no podía ayudarle con el ordenador. Esa afirmación no ayudó demasiado a su confusión, pero finalmente sonrió. Se movió incómoda, posiblemente pensando si era correcto charla intrascendente con un cliente. Seguramente le habían dicho que no podía dejar a nadie solo, o le gustaba mi compañía porque esperamos hasta que pudo captar la atención de una de las chicas del bar y le dijo en francés que fuese a buscar a la caballería. Era la primera vez que la oía hablar en francés. Su inglés tenía fuerte acento americano, demasiado quizá, y hablaba con gran cuidado. Lo único que entendí del francés fue la ansiedad de su voz, así que le aseguré que no había ningún problema, lo que pareció ponerla aún más nerviosa.

20 minutos después estaba entrando en la habitación, recordando aún el nombre en la placa de mi amiga de recepción. Tal vez la próxima vez. Cerré la puerta con el pie. Tarjeta en el zócalo y BANG! luz amarilla bañaba todos mis dominios, que están enmarcados en imitación de madera oscura y papel de pared blanco nuclear. Me dí la vuelta y cerré el seguro de la puerta e inspeccioné la salida de incendios. Llevaba directamente a la recepción, pero no ocurría nada que pudiese justificar como emergencia, así que dirigí mi atención al siguiente punto. Inspección en el baño, correcto. Habitación, correcto. Encendí la televisión para tener compañía y miré por la ventana. Tres pisos más abajo, entre la nieve semi fundida y sucia y unas cuantas tuberías, se filtraba una luz amarilla y lo que parecían ser mesas y sillas. Un salón. Las cortinas volvieron a su sitio mientras me iba a la ducha.

A la mañana siguiente mi recepcionista favorita no estaba en el turno, lo cual no era una sorpresa. El desayuno se servía en la sala de techo acristalado y, para evitar sorpresas, no miré hacia arriba. No tenía ningunas ganas de ver en detalle los bultos sospechosos que se veían desde arriba.

El desayuno buffet en los hoteles es algo que tiene la propiedad de dejarme un tanto confuso. Me explico: No soy una persona de buen despertar, así que siempre estoy dormido. En estos sitios la gente zigzaguea como trazadoras en un ataque kamikaze con lo cual uno debe estar más atento a la navegación que a lo que quiere comer. por otra parte, hay toneladas de comida en exhibición. Uno debe decidir, cosa no demasiado fácil cuando está dormido. Además resulta contradictorio que aunque la comida se la sirve uno, el café no y debe luchar por cruzar la mirada con el camarero. Dado que casi todo se lo sirve uno, no se necesita mucho servicio, por lo que el camarero está siempre ocupado.

En fin. Me senté con un plato de cosas variadas, zumo y unos cereales para tratar de cazar al camarero. Éste era eficiente y no muy hablador. Depositó un termo en mi mesa y siguió con su tarea mientras yo decidía en qué poder comer las cosas y qué me faltaba... y es que siempre falta algo. La cuchara, una servilleta o azúcar. No me apetecía volver a la zona batida, pero en este caso tenía un montón de pan y nada de mermelada. Me aventuré y volví presuroso con mi botín. Eran las 0700 y tenía tiempo. Mi cita era a las 0900. Desayuné con calma y subí a mi habitación para prepararme para el día. No volvería a este hotel, así que me llevaría todo conmigo. Todo no era mucho, llevaba una bolsa que se podía convertir en mochila y ropa para el fin de semana. La habitación estaba pagada y nadie comentó nada al respecto, ni quién era el pagador ni nada al respecto.

Cogí el autobús 12 hacia el centro. Un autobús de color plateado y naranja plástico, con la calefacción a todo volumen y una mezcolanza de gente, trabajadores del aeropuerto, viajeros y otros servicios que se fue diluyendo poco a poco a medida que entrabamos en el centro. Me bajé frente a la sede de Sony Entertiment Belgium, o eso decía el mapa, porque nadie había tenido la osadía de ponerlo con grandes letras.


Bruselas central

Volví sobre la ruta del autobús hasta el cruce y crucé por encima de las vías del tren. La moderna zona de oficinas desapareció para dejar paso a lo que imaginaba era Bruselas  típico. A través de varias callejas llegué al parque y miré la hora 08:45. El encuentro sería entre 0900 y 0915 en el parque y si no, en una tienda de souvenirs en la estación a las 1000-1015. El parque Albert era pequeño porque la mayor parte lo ocupaba una pista de atletismo. Empecé a dar vueltas a la manzana. Una vuelta me llevaría unos 15 minutos, aunque con el frío que hacía me encontré haciendo la primera en poco menos de 10.


Capítulo 3 II

Junto con el núcleo inicial se determinó necesario un grupo de especialistas, que por un lado pudiesen ayudar a determinar habilidades básicas necesarias de otros campos y, por otro, ayudasen en el proceso de selección. La formación de este grupo era esencial y se requeriría cierto tiempo para que cuajase. Una vez transcurrido ese tiempo, el grupo podría fragmentarse y dedicarse a la formación de otro subgrupo más amplio.

El último grupo sería el de todos aquellos individuos seleccionados, pero que no serían confrontados con la elección de pertenecer al proyecto hasta el último momento. A iguales capacidades, el individuo se clasificaría dependiendo de su capacidad estimada de romper con la sociedad como tal y pasar a un período similar a la hibernación, aunque básicamente consistiría información.

La desventaja clara es disponer de un significativo porcentaje de individuos sin las capacidades necesarias y, por lo tanto, el tejido ni estaría completo, ni estaría listo para la acción inmediatamente. Sería necesario lanzar el proyecto mucho antes del colapso y seguir construyendo el grupo aún después. Esto plantea un problema, pues esos individuos que no están listos, deben permanecer en  ``Viveros'' que les permitan completar su formación.

Se hace necesario también, el control de los añadidos sociales, es decir, de esas personas relacionadas con el individuo en cuestión y que forman su entorno. Estos deben ser pesados también en función de la valía para el grupo. Es comprensible que personas ancianas sean parte de un fuerte lazo familiar, al ser padres u otros familiares. Sin embargo, debido a su ancianidad, representan más una carga que un beneficio. En el otro extremo están los niños pequeños. Estos representan una carga aún mayor si cabe. Sin embargo su potencial es muchísimo mayor. Todo en realidad.



La gente era la  parte básica, pero la organización no era menos importante. La idea básica consistía en crear pequeños grupos modulares que apenas requiriesen control, de tal forma que pudieran operar como células independientes durante un período de tiempo de clandestinidad. Estos equipos utilizarían este tiempo para formarse reclutar otras células y recopilar materiales, equipamientos y organizar su almacenaje hasta su utilización.

Los equipos semilla serían encargados de poner en marcha células más pequeñas y también de la mayor parte de la formación. La formación estaría destinada a proveer a los miembros de las células con los conocimientos mínimos necesarios y con algún grado de especialización social y militar. Los conocimientos mnimos necesarios se referían en su mayoría a cuestiones de supervivencia: Medicina y primeros auxilios, navegación y orientación, caza (incluyendo rudimentos de persecución, camuflaje y emboscada) y alimentación, construcción de vivienda y depuración de agua, construcción de herramientas básicas, bases de agricultura, programa físico (destinado, no solo a elevar el nivel de forma física, sino a sentar unas bases comunes de estado físico y cuidado personal), rudimentos de tejido y vestido, bases de cocina y finalmente, bases culturales. Éste último tiene como objetivo la distribución de ideas, experiencias y conocimientos culturales, así como su recopilación. Un grupo de especialistas de cada materia habían determinado el temario, por así llamarlo, y la distribución de las lecciones.

Estos especialistas de cada tema son los encargados de formar a futuros especialistas, seleccionados entre candidatos adecuados. Estos candidatos, una vez formados, distribuirán sus conocimientos entre los miembros de su célula.

Este grupo de células tiene como tarea preseleccionar y evaluar candidatos de entre sus contactos. Los individuos cribados de esta forma son estudiados y comparados por el grupo central y se califican como candidatos válidos o no.

En cuanto al dónde trasplantar este tejido sano, había abundantes estudios de diversas zonas y su evolución climática esperada. Posteriormente se evaluaba el efecto de las migraciones. El resultado no era demasiado sorprendente. Todas las zonas templadas que estuviesen disponibles probablemente fuesen ocupadas por emigrantes y aún más probablemente los países dueños de esas tierras intentarían utilizar todo el terreno disponible para plantar comida y venderla a todos los demás. Los estudios de inestabilidad política tampoco eran nada halagüeños.

La mejor opción parecía ser una isla, o un grupo de islas. Lo bastante alejadas para ser deshabitadas y seguras y lo bastante grande para permitir una agricultura importante, así como suficiente espacio para alojamiento. Por supuesto no podrían estar mucho más al norte o sur de los trópicos. Ésta solución planteaba otro problema: El cómo llegar allí.

Para este momento ya había recorrido la mayor parte de la información de Boone y llenado  varias hojas de papel con notas y otras tantas con filigranas y dibujitos. Me restregué los ojos y me eché hacia atrás en la silla. La noche envolvía de silencio y oscuridad la habitación. La ventana, con las persianas subidas y sin cortinas, parecía una puerta misteriosa, parecía que si me salía del pequeño círculo de luz del flexo, todo gravitaría hacia ella. Desde la silla podía sentir el frío que la ventana causaba al evacuar calor.

La lámpara halógena se calentaba mucho, y desprendía un olor característico. Me recordaba a mis tiempos de estudiante, cuando me iba a la cama totalmente agotado mentalmente y, al no haber limpiado las ideas, la noche se llenaba de pesadillas. En esas horas de silencio la sensación de aislamiento era palpable. Me levanté de la silla y me acerqué a la ventana. Ahora podía ver mi propio reflejo que me interrogaba.

Pasé los próximos dos días revisando mis notas y comprobando algunos detalles de informes y fuentes que se mencionaban y preparándome para la entrevista con Boone. Todo tenía cierto sentido, pero aún así

jueves, 10 de agosto de 2017

Capítulo 3 I

La gente de Boone había comenzado una red.  Una red de gente que ellos consideraban valiosos. Valiosos para la sociedad, bien por sus conocimientos, bien por sus capacidades. Los criterios eran amplios y se reducían a que todo aquel que aportase algo a la sociedad y estuviese en aceptables condiciones físicas era considerado apto. Había una segunda cuestión. Debía ser gente dura, pero no dura como Harry el Sucio, sino mentalmente resistente. El tipo de gente que puede soportar penurias. En ese apartado mi referencia era mi abuelo. Todos en su familia eran pescadores, todavía en una época en la que uno no escogía una profesión, sino que tu profesión estaba definida por tu apellido. La familia tenía una lancha con la que salían a pescar cerca de la costa. Cuando mi abuelo era un nino de unos 5 o 6 anos, le llegó el momento de comezar a aportar a la familia. Antes del alba se hicieron a la mar, pero al muchacho el balanceo y cabeceo de una pequena lancha en la oscuridad del Atlántico no le sentó demasiado bien. Su padre, exasperado, se dió por vencido en aquella ocasión, viendo que el chico no iba a aprender mucho en aquella excursión y que no era más que una carga, decidió soltar lastre. Los pescadores no salen temprano por romanticismo. Quieren llegar al punto óptimo para pescar en el mejor momento del día. En aquella lancha, volver a puerto significaba que la pesca del día estaba perdida. La solución de su padre no podía ser más práctica: En aquella dirección está la playa a algo así como 1km y después son 3 o 4 caminando hasta casa, que tengas un buen día. A veces las dificultades son una cuestión de perspectiva.

Por otra parte la teoría de las civilizaciones que subían la cuesta evolutiva con zuecos de madera y la bajaban en zapatillas de seda al ir las sucesivas generaciones  ablandándose al tener las cosas más y más fáciles, parecía demasiada simplificación.

Otro de los paquetes de información se refería la historia de la fundación del proyecto. Gran parte de la gente del equipo en el que Boone trabajaba eran gente con educación universitaria. Había gran número de  matemáticos e informáticos, pero había también gente más variada: Había varios meteorólogos, varios físicos y algún ingeniero. Estos formaban el grupo más antiguo, formado a partir del grupo que trabajaba para la agencia gubernamental. Aunque el grupo era relativamente variado, reconocieron en seguida la falta de conocimientos globales sobre casi todos los aspectos de la sociedad y les resultaba por lo tanto, muy difícil hacer un plan, una vez decidido que querían hacer algo al respecto del futuro. El primer y primordial objetivo era qué iban a hacer ellos al respecto de lo que ocurría. El objetivo para la supervivencia era simplemente crear una pequeña muestra de la sociedad capaz de sobrevivir a los eventos del futuro. En el mejor de los casos, para cualquiera que fuesen los eventos futuros. Para completar las habilidades y conocimientos presentes en el grupo era necesario reclutar a más gente y entonces definir los perfiles necesarios para completar el objetivo.El grupo de compañeros de Boone pronto creció a un grupo de unas 30 personas. Inicialmente este grupo se reunía y se limitaba prácticamente a discutir ideas y hacer proposiciones, en ocasiones utópicas. Sin embargo pronto el grupo empezó a entrar en deseos de pasar a la acción. La solución al derrumbamiento social era tomar un trozo representativo de tejido social, plenamente funcional y salvarlo antes del derrumbe. En un ambiente adecuado ese tejido podría medrar y sostenerse. Partiendo de esa base, el grupo empezó a seleccionar las semillas para crear ese tejido.

Esto presentaba sus propios problemas en sí mismo. ¿Cómo encontrar y aislar a ese pedazo de tejido sano? Y no menos importante, ¿dónde trasplantarlo?

La primera pregunta parecía sencilla, sin embargo se reveló como la más complicada de resolver. Los candidatos no sólo debían ser miembros funcionales útiles de la sociedad, si no que además debían estar dispuestos a participar en el proyecto, creer en él y, necesariamente, ser capaces de funcionar perfectamente fuera de una sociedad normal.

Respecto al cómo aislarlo, la solución  era más sencilla. Principalmente necesitaban gente que pudiese reconstruir la sociedad desde abajo. Antropólogos, médicos, historiadores, ingenieros,\dots  pero también ciertos personajes provenientes del mundo del diseño, cocineros, carniceros, carpinteros, \dots Pero no sólo se trataba de ideas y conceptos. No eran académicos lo que buscaban, si no gente como ellos mismos, inteligentes, con iniciativa y talentos varios.  No todo eran conocimientos, sino también experiencias. Una amiga de uno de los integrantes era nadadora profesional. Había participado en las olimpiadas y había participado en numerosas exhibiciones y competiciones, incluyendo varias en zonas extremadamente frías. Son esas las experiencias de las que el equipo se puede beneficiar. Un núcleo reducido de los participantes estaría encargado de la selección y estudio de los candidatos, pero la gran mayoría podría seguir con su vida, hasta que el momento llegase. La definición del momento era algo más delicado. Al fin y al cabo, un miembro plenamente funcional de la sociedad no estaría preparado para un cambio radical en su vida, así que por una parte, para tener el control,  era necesario provocar el cambio antes de que éste fuese impuesto por las circunstancias, para hacerlo más gradual y al mismo tiempo, dotar al individuo de recursos para afrontar las circunstancias por venir. Por otra parte, la selección de tales individuos conlleva un extra, y es que este tipo de personas poseen relaciones con otras: padres, hijos, cónyuges,\dots Y resulta evidente que no les resultará posible romper de una forma sencilla, en el caso en que romper sea posible. Por tanto, también era necesario considerar estos individuos como una parte de ese tejido.

jueves, 3 de agosto de 2017

Capítulo 3: Reflexiones

Una cosa es ser hijo de una generación que ha heredado todas las teorías conspiratorias, y otra muy distinta es verse metido en una en menos de dos horas.

Dos días después de regresar de Viena, con Diego centrado en una de sus series y la lavadora finalmente en operación, me senté bajo la ventana abierta de mi habitación a explorar.

Tal como Boone había prometido, mi contraseña inició la sesión en la máquina y empezó a cargar una versión de lo que parecía ser LINUX. la GUI no podía ser mas sencilla. Un fondo de escritorio negro y una estructura de carpetas más larga que un día sin pan. Tras el primer deprimente vistazo, vi que la estructura de carpetas parecía tener una lógica, al menos estaban numeradas y parecía tener una cierta coherencia, así que empecé por lo que suponía que era el principio.

El problema que yo le veía a todo aquello era el mismo que le veía a todas las películas de conspiraciones; a saber, la falta de información. Aparentemente aquél pequeño ordenador estaba lleno de ella, pero no dejaban de ser informes e informes. Ligados con hechos por supuesto, pero al final, nada tangible. Al día siguiente era Sábado y Diego se volvía a ver a su familia, como casi todos los fines de semana, en algún lugar de Murcia. Pasé todo el fin de semana revisando aquel lote de información para sacar en claro que la historia que me había contado Boone tenía muchos informes detrás. Muchas agencias gubernamentales, mucha sigla y mucha gráfica, pero yo no veía aquello más que como un ejercicio académico. Los hechos, tendencias y marcadores que el equipo utilizaba para probar su teoría, dejaban algunos cabos sueltos, pero parecía tener un fundamento.

Después de dejar la taza en el fregadero, volví a la habitación y, de debajo del cesto de calcetines, saqué el sobre de Boone. Comprobé todos los datos, también por enésima vez, y lo devolví a su sitio.  Tenía algo menos de un mes para perseguir todos esos informes y hechos. Rebuscar  en internet qué había en la comunidad científica.
La cocina de nuestro apartamento


Había un segundo lote de documentación en aquel pequeño ordenador aún más inquietante. El esquema que el grupo de Boone había montado. Esta era la parte más dura, si cabe, de procesar. El esquema era bastante sencillo, al menos en apariencia. En un artículo generalista, que abría el bloque de documentación, se discutía el hecho que el modelo de estado desaparecería, principalmente al no poder garantizar los derechos de los ciudadanos. Como consecuencia el orden actual se colapsaría y arrastraría con ello a la sociedad moderna. La principal consecuencia no sería la más evidente, de la desaparición de las comodidades y de la especialización. Los individuos ya no podrían ``trabajar'', si no que sería necesario que dedicasen su tiempo a conseguir comida y protección. Resulta obvio y es más grave es que no estamos preparados para ello.

Hace varias generaciones que la gente  que habita en ciudades no está acostumbrada a tener si quiera una navaja de bolsillo. Las herramientas que utilizan son altamente especializadas y somos extremadamente dependientes de la utilización de la electricidad. En Europa y Estados Unidos, una migración masiva hacia el sur equivaldría a millones de personas en una situación totalmente extraña. La gran mayoría de la población europea no sería capaz de proveerse de funciones vitales sin electricidad, sin embargo los paises o regiones de destino serían incapaces de proporcionar estándares de vida conocidos por estos nuevos emigrantes. Es más, estos nuevos emigrantes, no tendrían nada que aportar a los paises de destino, pues la mayor parte de las habilidades de estas personas son totalmente irrelevantes en una economía de supervivencia.

Gran parte del artículo seguía una lógica de tendencia similar a los grupos americanos conocidos como survivalists y me parecía de todo punto exagerada. Sin embargo un punto a su favor era el que yo pensase que era exagerada. Al fin y al cabo yo era un producto de esa sociedad sobresaturada de derechos y extremadamente acomodada. Me dí cuenta de  que todo aquello se reducía al final a la pregunta ¿Es esto real? La dimensión del cambio era fantástica.

La capacidad del humano de la esperanza es algo único. El ser humano ha aprendido a vivir en sociedad como la mejor solución evolutiva. De hecho ha tenido tanto éxito que no nos planteamos otra alternativa. Necesitamos depender de otros humanos e interactuar con ellos. La consecuencia es que nos negamos a reconocer que el derrumbe social puede producirse, y se ha producido en la historia en numerosas ocasiones. Los judíos en la Alemania Nazi, no esperaban que las cosas se pusieran tan mal, hasta que se pusieron. La Rusia comunista, la España de postguerra , incluso la caída del Imperio Romano es la muestra de miles de individuos que se aferran a una realidad que ya no existe... y les llega a costar la vida. Obviamente hay otros muchos que sí reconocieron el potencial peligro y emigraron. Eso es lo curioso, pues, reconocieron el problema y tomaron acciones. La acción fue emigrar. Esta gente era eminentemente práctica y sabían que no tendrían oportunidad de cambiar la situación, al menos no sin lucha\dots Y siempre, la mejor lucha es la que no sucede.

A la luz del flexo, con el ordenador conectado a la corriente comencé a tomar notas sobre hechos, medidas, análisis y referencias públicas que pudiese comprobar en internet. Cosa curiosa, aquel pequeño ordenador ni si quiera tenía tarjeta de red, ni Wi-Fi, ni USB y tampoco tenía derechos para escribir, crear o copiar ningún archivo. Solo leerlos.



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Chapter 1: Improbable encounters

Threading your way through a sea of people who does not really care much about being shoved, pushed and stepped on irritates me. On top o...